martes, 19 de febrero de 2008

El ideario de Job Ledesma

No suelo ser de la idea de usar ideas de otro, pero en particular este artículo me pareció interesante, asi que prefiero reproducirlo integro y añadir el vinculo al mismo, espero que no le moleste al Sr. Ledesma (Editado en la Opinión de Tenerife el 19/02/2008)

JOB LEDESMA
Una identidad nacional se construye por acumulación, dato sobre dato, opinión sobre opinión, repetición sobre repetición hasta convertirla en costumbre.
¿Cómo pasa España de ser un país cariñoso a una nación malencarada? ¿Cuáles son las razones que modulan una personalidad nacional desde el acogimiento al acojonamiento? ¿Por qué en todas las guías turísticas, todos los países del mundo se califican como "hospitalarios"?
Busquemos el momento exacto del cambio, del "sea usted bienvenido si conmigo quieres vivir" al "usted es extranjero y por tanto debe ser un hijo de su madre que tiene la culpa de que mi vida sea una porquería". ¿Dónde existe?
No hay un momento determinado, es una superposición de momentos, de palabrerío, de mentiras y medias verdades.
Es una mezcla de "nos invaden" con el "nos comen por los pies", de los camareros que no distinguen la manteca colorá con los inmigrantes que llegan para saquear tu sistema de salud. De los delincuentes que son todos de fuera a las bandas de albano-kosovares que ahora, imagino, serán solo kosovares y punto.
Mezcle todo eso con una barra de bar, dos cortados y cinco cervezas. Resultado: el ideario español actual ante la inmigración traducido en una frase que tan pancho escuchó este Ledesma dos veces ayer por la mañana: "Primero mis hijos, luego mis hijos y después, los demás". Otra persona, mayor y con la suerte de la sabiduría de la edad, respondió, con voz bajita: "Bueno, también podría ser la mitad para mis hijos y la mitad para los demás". Este Agostado, que se maneja con la desconfianza como ideología, pensó: "¿Y si tus hijos resulta que son unos hijos de puta?".
Desde ahora, después de escuchar cómo se le echa la culpa de todo a la inmigración y contemplar cómo ciertas formaciones políticas emplean el miedo al extranjero como herramienta electoral, podemos convenir que ya está, ya tenemos la cosecha, no me hablen de caldo de cultivo.
Ya estamos donde ellos querían estar, con una sociedad atenazada por el miedo que prefiere buscar la culpa de todo en el que viene de fuera, o sea, el más débil e indefenso. Las causas no están en un sistema económico absurdo, ni siquiera en un empresariado que quiere empleados baratos y maleables. La culpa la tiene el sudamericano que llega a trabajar o el menor senegalés que usurpa la plaza de un mayor canario. No hay ninguna razón, no hay ni un mínimo de verdad en todas estas afirmaciones que se lanzan con una alegría pocas veces contemplada.
Mientras, en una tertulia de una radio cualquiera, miro al realizador, argentino, que agacha la cabeza mientras en antena se le acusa de colapsar, saturar y aprovechar. Ni siquiera me atrevo a pedirle disculpas por tamaña vergüenza. Ni siquiera me atrevo a decirle que no todos somos, espero, así de malas personas.

1 comentario:

Hannah dijo...

Muy bueno este artículo y también lo adhiero. Alfinal, querido Carlos, pensarás que soy una "pelota" de tomo y lomo, pero ¿qué le voy a hacer si comparto las mismas ideas que tú?
Un abrazo
Hannah